Natalia lleva desde 2004 gestionando formación bonificada. Durante años, el conocimiento vivía en ella: si no estaba, las altas no se daban. Si se iba de vacaciones, encendía el ordenador.
El sistema no le quitó el control. Le quitó el peso. Hoy su equipo trabaja distribuido por toda España, una incorporación nueva fluye en dos semanas, y ella puede marcharse de vacaciones sin mirar el teléfono.
Lo llama vitamina C.